Respuesta a "¿De dónde son los carteles?"
Qué descaro Yoani. Yo no diré que mientes, simplemente ves las cosas desde otra cara del prisma. Una cara pequeña, distorsionada, muy cómoda también. Quizás la misma comodidad que te impidió contrastar eso de que "estabas censurada en la isla", cuando yo he podido acceder a tu blog sin problemas en Cienfuegos o La Habana, aparte, como ahora, desde España.
Afortunadamente, yo estuve en ese 1º de Mayo, y recibí después como regalo (o recogí del suelo, horas más tarde) de tus compatriotas , caminando por las calles de La Habana, numerosos carteles hechos por trabajadores, escolares, jóvenes. Los tengo aquí a la vista ahora; están hechos con trozos de cajas antiguas de embalar, o "Granmas" repintados o encolados, con pinturas bastante sencillas, indicando además la clase, colegio, o grupo sindical donde se habían realizado, al igual que las grandes maquetas en cartón de telecámaras, herramientas o computadoras que se vieron durante el desfile, y que algunos compañeros Internacionalistas y yo pudimos observar de cerca.
Quizás, por alguna clase de propiedad osmótica, el premio que te han concedido te ha contagiado ciertos tics cognitivos que te han hecho olvidar que la gente es -todavía- capaz de construir en común; de trabajar en comunión para conseguir sólo unos momentos compartidos -y no remunerados- de alegría y justicia.
Por alguna extraña razón, la pregunta que pareces hacerte, tras el impersonal "se puede", "salen", etc., es acerca de cómo puede una sola persona comprar, o adquirir, los materiales para construir tales carteles, pancartas, muñecos. Tampoco en Livorno, Barcelona, o Buenos Aires es una sola persona la que compra esos materiales, sino que es un trabajo -festivo- de equipo, entre los sindicalistas, estudiantes, o trabajadores que deciden acudir juntos a la manifestación.
Y es que precisamente el primero de Mayo celebra la posibilidad de lo común, de lo compartido, de estar y trabajar con -y para- los otros.
A ti, querida Yoani, que tienes tiempo para ir a ver exposiciones, dar paseos, y hablar de "los muñequitos rusos" (¿habrá calado alguno de los valores que transmitía, por ejemplo el ecologista Cheburashka?), te recomiendo encarecidamente que, cuando vengas a Madrid (no dudo en absoluto que lo harás próximamente) en próximos Primeros de Mayo, los pases con alguna de las trabajadoras ecuatorianas, bolivianas, gitanas, eslavas, que trabajan y viven en condiciones pésimas, difíciles, insoportables a veces, soñando con poder celebrar algún día un 1º de Mayo con la alegría de las y los trabajadores que desfilaron y cantaron por las calles de La Habana, Cienfuegos, Granma, Santiago o Caracas… pese a todas las dificultades que han tenido que sobrellevar, todos sabemos causadas por quién.
Los famosos carteles del 1 de mayo en La Habana
(Texto del blog de Yoani): "De dónde son los carteles?"
Este domingo en el noticiero el presidente de la Central de Trabajadores de Cuba anunciaba un 1ro de mayo donde se evidencie la “inventiva creadora” de nuestro pueblo. Sus palabras iban acompañadas por las conocidas imágenes de miles de personas desfilando en una Plaza llena de carteles, banderas y pullovers multicolores. Al ver tanta exuberancia, volvió mi vieja duda de dónde se confeccionan todos esos elementos vistosos que resplandecen bajo el sol de mayo.
Si nos guiáramos por las palabras de Salvador Valdés Mesa, se trataría de la iniciativa ciudadana la que diseña, pinta y colorea los posters y las ropas. Sin embargo, todos sabemos que no es posible comprar en pesos cubanos –la moneda en la que se reciben los salarios- ni una bandera cubana, ni pintura de aceite o acrílica y mucho menos camisetas o gorras. Tampoco se puede adquirir legalmente una impresora para lograr las letras perfectas que exhiben los afiches de las movilizaciones. ¿De dónde, entonces, salen los carteles que pretenden ser fruto de la espontaneidad popular?
Conozco la respuesta y sepan que poco tiene del arrojo de un obrero que escribe sus demandas en un lienzo. Tampoco se parece a la decisión de un sindicato autónomo que organiza pancartas para que sus miembros exijan mejoras laborales. La mayoría de esos letreros son orientados y diseñados por aquellos que los miran “embelesados” desde la tribuna. Ellos saben que si dejan a los trabajadores –por sí solos- que hagan los carteles, probablemente dirían otras cosas.
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